miércoles, noviembre 25, 2009

La cara B

Si lo piensas con objetividad y fría serenidad, aprender de las experiencias, enriquecerte con las diferentes vicisitudes de la vida, crecer con cada despropósito e inconveniente... nos proporciona una perspectiva envidiable del mundo. Nos permite desarrollar una exhaustiva labor retrospectiva constante, que nos ayuda no sólo a vernos tal como somos frente al espejo, sino a seguir analizándonos y conociéndonos con cada paso.

Y a medida que adquirimos esa capacidad para con nosotros mismos, observamos mejor el mundo y desarrollamos una manera mucho más sana y equilibrada de manejar la empatía y la capacidad de comprensión hacia los demás, lo que nos proporciona una visión más amplia y genuina de lo que ocurre a nuestro alrededor, desde una óptica más madura y equilibrada.

Vemos cosas que para la mayoría pasan desapercibidas. Entendemos los mecanismos de respuesta y acción de los demás con más facilidad. Reconocemos comportamientos ajenos. Racionalizamos actitudes. Comprendemos conductas. Incluso en ocasiones no las justificamos, pero empalizamos tan extraordinariamente con ellas, porque las conocemos, que somos incapaces de establecer límites correctos frente a ellas que no sean a costa nuestra, quizá por no sentirnos egoístas o peores personas.

Pero... ¿quién nos comprende a nosotros? ¿Quién se pone en nuestro lugar? ¿Quién empatiza con nuestras emociones? ¿Quién comprende nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras necesidades?

¿Quién mira por mí cuando yo miro por el resto del mundo?