Cuando la gente mira tras su sonrisa traviesa, dista mucho de ver, en el mejor de los casos, el pérfil maquillado de quien tiene la respuesta y sólo te devuelve otra pregunta. Si le envidas, él lanza un órdago. Si tienes escalera, él te cuela un farol.
Se maneja en las arenas movedizas como pez en el agua. Las inventa, las crea, las dibuja, convenciéndote incluso de estar en suelo firme. Y si no estás atento no te darás cuenta de quién mueve los hilos. Porque quizá el número tres pisa hoy más fuerte que el cinco, pero el dos aguarda al acecho un nuevo envite. Contra siete tienes las de perder la partida.
Y es que no es fácil reconocer ni lidiar con los terroristas de conciencia, pero haberlos haylos, como las meigas.

