La primera vez que la vida golpea tu estómago, te sangran las emociones. Te supuran tanto las pupilas que te preguntas si tu corazón puede diluirse entre las pestañas. Te quedas en el suelo derrotado, incrédulo, maltrecho hasta el exceso. Te cuesta respirar. Te levantas.
La siguiente vez que recibes un derechazo directo y sin paliativos, te duele el orgullo y el sentido común. Te hiere las entrañas, te retuerce la esperanza, te rompe en pedacitos. Te quedas en el suelo. Frío y desgarrador. Se para el tiempo. Todo duele. Te recreas. Te compadeces. Cuesta un poco más. Te levantas.
Los siguientes golpes parecen premeditados, invisibles. Te dejas caer y recibes los siguientes desde el suelo. Game over. Permites que la autocompasión acampe a sus anchas en tu pecho. La culpabilidad se apodera de tus pensamientos y empiezas a distorsionar la realidad a tu antojo. No ves. La negatividad lo ciega todo. Pierdes las ganas, la motivación, la perspectiva. Te lamentas de tu suerte. Pero no haces nada. Te lamentas de tu pasado. Pero no lo dejas marchar. Te lamentas de todo lo que no te sale bien, pero no aprovechas ni un solo instante todo lo bueno que te rodea. Pasas tanto tiempo a ras de suelo que cuando te incorporas crees que hasta la más leve brisa puede hacerte morder de nuevo el asfalto. Sin confianza, sin autoestima.
Los golpes siguen llegando. Minimizas su impacto.
Las cosas que antes eran terribles ahora se te antojan pequeñas nuevas oportunidades.
Cada final que antes parecía el fin de todo cuanto conocías, ahora abre la puerta a un nuevo comienzo. Lo que antes parecía toda tu vida, ahora comprendes que no eran sino ataduras, lastres que limitaban tus tobillos y tus alas. Grilletes que te hacían caminar por la vida con tanto peso como para no poder moverte sino entre límites irreales.
Vienen más golpes. Duelen. Pero relativizas. No te has endurecido a fuerza de insensibilizarte.
Te alejas de la gente destructiva porque has dejado de destruirte. Evitas las situaciones y personas dañinas porque has aprendido que no quieres cerca el daño innecesario. Te nutres de las personas que te aportan, te motivan, te ayudan a crecer, alimentan tu independencia, tu crecimiento, tu madurez…
Y entonces, tras casi toda una vida boxeando contra ti mismo, te das cuenta de que si todos esos golpes eran necesarios para ser hoy quien eres… ¡benditos golpes!


12 comentarios:
Benditos sean...
Necesarios son...
Por ellos eres quien eres...
Cuando desde el presente somos capaces de mirarnos al espejo y vernos, como realmente somos, con toda la evolución que se muestra en nuestro camino, tendremos suerte si podemos sonreirnos, y el reflejo nos devuelve la sonrisa :)
En verdad, si no aprendemos a ver los golpes como experiencias, no creceremos ni maduraremos nunca.
Salu2
ENHORABUENA! Como Ave Fenix resurges de tus cenizas y ves la vida desde una mayor dimensión. Un saludo.
Pienso yo que para tener menos golpes quizas convendria cuidar tu Karma...
Hombre, tanto como "benditos" va a ser que no eh??? que se puede aprender por métodos más sencillos, no es el de "la letra con sangre entra" el más eficaz ...
me encantan tus reflexiones, me siento super identificada!!! segui asi!
Ciertamente pero yo aun no me repongo de los demoledores golpes de la vida... pero si solo fueran golpes no sería la cosa tan devastadora... he caído más allá del fondo... a punta de traiciones y de esas heridas es muy dificil reponerse
Besos de Naty
A propósito del color de tus reflexiones, dicen que la vida es un domino de fichas blancas y negras. Si uno se empeña en empalmar y apilar sólo las blancas, al final se agotarán y sólo le quedarán las negras hasta el día en que se muera.
Lo mejor es alternar (si cabe) en partes iguales.
Los golpes, esas experiencias, nos hacen ser quien somos. Me ha encantado tu reflexión. Un saludo :)
los golpes, las piedras del camino, las zancadillas que pone la puñetera vida, en fin todo es un cauce, por donde nos mecemos o enrocamos.
Un salduo, compañera
Bueno...que decir.
Sere breve: Me ha gustado, y no poco.
Supongo que me atrajo la parte de tu blog"escribo para que la muerte no tenga la última palabra" y todo esto encadena leer esto que no me ha dejad ni de lejos decepcionada. Mis felicitaciones por este texto(:
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